El día que México quiso que Quetzalcóatl repartiera juguetes… y casi compitió con Santa Claus

El día que México quiso reemplazar a Santa Claus por Quetzalcóatl.
El día que México quiso reemplazar a Santa Claus por Quetzalcóatl.

El día que México quiso reemplazar a Santa Claus por Quetzalcóatl.

A ver, pa’ que no te agarren en curva con memes raros a mediados de diciembre: sí, hubo un tiempo —medio olvidado, medio surrealista— en que el gobierno mexicano intentó que Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, el dios de la vida, la luz, la fertilidad, el viento, y el planeta Venus, así como un héroe civilizador y creador de la humanidad, fuera una especie de Santa Claus prehispánico.


Y no, no es invento para jalar tráfico; está documentado en periódicos de la época.

¿De dónde salió esta idea tan peculiar?

En los años 30, México estaba en plena fase de construcción de identidad nacional. Se impulsaba fuerte la reivindicación indígena, el nacionalismo cultural y todo lo que sonara a “lo nuestro”.

Pascual Rubio

Todo nació de un arrebato posrevolucionario. El presidente de entonces, Pascual Ortiz Rubio, junto con su secretario de Educación, Carlos Trejo y Lerdo de Tejada, decidió que la Navidad ya estaba demasiado “gringa”. Su plan: sustituir a Santa Claus —ese señor gordito venido del Polo Norte— por una figura netamente mexicana. Quetzalcóatl, pues.


El problema: mientras el país buscaba su proyecto de nación, Santa Claus se estaba volviendo cada vez más popular entre los niños… y más rentable entre comercios.

Ahí es donde entra el escritor Rubén M. Campos, quien publicó en El Universal una pieza fantástica donde denuncia que:

Nota original

“Los comerciantes están destruyendo la imagen de los mexicanos, vendiéndonos a Santa Claus como si fuera nuestro dios de temporada”.

Crudo… pero real.

La propuesta: “¡Que los regalos los dé Quetzalcóatl!”

Según Campos, y según la lógica de los nacionalistas de la época, si Estados Unidos tenía un personaje navideño para entregar regalos…


¿Por qué México no?

Y claro, buscaron uno entre las figuras del mundo prehispánico.
El escogido fue Quetzalcóatl, aunque Campos admite en su nota una verdad incómoda:

“Quetzalcóatl jamás repartió juguetes. Su culto es profundo, místico, filosófico. Santa Claus es simpático, rechoncho, comercial.”

Aun así, algunos promotores del nacionalismo quisieron adaptar al dios a una función más terrenal.


Un sacerdote incluso aseguraba —según la nota original de Campos— que Quetzalcóatl concedía dones y favores, así que no era tan descabellado pedirle que dejara un trompo o un carrito de madera.

El show en el Estadio Nacional

Imagen real pero aumentada y coloreada digitalmente

El 23 de diciembre de 1930 se montó un espectáculo en el Estadio Nacional de la colonia Roma: una pirámide que simulaba un templo prehispánico, un señor disfrazado como Quetzalcóatl subiendo las escaleras y repartiendo dulces y juguetes. El gabinete, diplomáticos y la primera dama estuvieron ahí para ver el espectáculo.

Nota de la época

La época en que Santa Claus llegó a los periódicos mexicanos

nota de la época

La difusión de Santa Claus era tan fuerte que Campos se quejaba de ver “monigotes” del viejo barbón en tiendas, aparadores y anuncios, desplazando poco a poco las tradiciones mexicanas.

Ante eso, algunos grupos culturales argumentaban que:

  • Los Reyes Magos eran extranjeros.
  • Santa Claus era estadounidense.
  • Quetzalcóatl, en cambio, era nuestro.

Conclusión: si alguien debía traer los juguetes, pues que fuera el mero Quetzalcóatl.

¿Funcionó?

No.
La idea nunca cuajó.
La figura de Santa Claus tenía un poder global enorme y seguía creciendo.
Las familias mexicanas estaban divididas entre Reyes Magos y Santa, pero nadie imaginaba a un dios prehispánico entrando por la ventana con un costal al hombro.

Lo que sí dejó fue un momento rarísimo en la historia cultural mexicana, donde:

  • Se intentó “mexicanizar” la Navidad.
  • Se debatió si un dios podía competir con un personaje comercial.
  • Se evidenció la tensión entre tradición, identidad y modernidad.

Campos concluye que:

“Santa Claus es un producto moderno, hijo del comercio y del frío.
Quetzalcóatl pertenece a la eternidad.”

La neta final

Al final, México decidió algo muy mexicano:
quedarse con todo.
Santa Claus siguió.
Los Reyes Magos también.
Quetzalcóatl, por lo pronto, se salvó de convertirse en influencer navideño.

Pero la historia sigue siendo un recordatorio de ese eterno jaloneo entre lo propio, lo ajeno, y lo que conviene al mercado. Al final somos lo que somos, gracias a nuestra propia historia y legado.

¿Qué opinas, regresamos a Quetzalcóatl o no?

Por admin

Diseñados Gráfico, Maestro en administración pública. Asesor en comunicación estratégica. Aficionado a la historia y a la astrofísica.

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