LEYENDA DE LA BRUJA DE TIERRA BLANCA

Por lo que se regocija aterrando y acechando a quienes por esos valles de mezquite se adentran en las noches del mes de febrero.

Villa de Ornelas

Cuenta la gente que aquí ha vivido por muchos años, que por generaciones se les ha contado que rumo a la hacienda de las Juntas, bajando por el llamado rio chico a unos 1,600 metros antes del icónico barranco güero, pasaron unos acontecimientos muy trágicos y que han maldecido esos valles  de mezquite. Eran tiempos de indios contra españoles, así comienzan a platicar los pocos ancianos que aún recuerdan esta historia que les contaron de niños, todas las tierras de esta región estaban siendo peleadas. Luego de una batalla muy sangrienta donde los españoles masacraron los nativos de estas tierras, solo unos pocos afortunados lograron escapar de aquella terrible tarde, entre ellos una mujer canosa y vieja con poco pelo y vestida solo con una falda y con los pechos descubiertos, entre sus ornamentos destacaban unas perforaciones en los labios y collares de hueso así como adornos en varias partes del cuerpo más. Esta mujer era conocida por los nativos de la zona por ser una muy buena curandera que mediante hierbas y rezos curaba los males que acechaban a la gente nativa.  

Durante toda la tarde de aquel fatídico día, los fugitivos huyeron desde los cañones del ahora estado de Zacatecas y entre montes y ríos buscaban esconderse de sus verdugos entre los cerros de esta zona. Tras huir varias noches y esconderse entre arroyos y ríos, los indios pasaron hambre y enfermedad, mermando un poco su agilidad. Los españoles quienes andaban a caballo alcanzaron o se toparon con estos indios mal heridos y cansados, por lo que reanudaron su ataque a ellos. Luego de un rato apresaron a todos excepto a la astuta y ágil anciana que nuevamente logro escapar de sus manos burlando a los españoles. Luego de interrogar a los ahora presos y mediante traductores y entendiendo en realidad muy poco a los indios el fraile y los soldados que eran muy religiosos se enteraron que la mujer era una curandera.  Para esos tiempos los españoles consideraban estas prácticas como brujería, así que fervorosos en su fe decidieron encontrar a esa mujer. No paso mucho tiempo cuando encontraron a la mujer a unos cuantos metros del lugar, entre los peñascos de los arroyos que nacen de los cerros del lugar.

Luego de verse descubierta esta comenzó a correr nuevamente y los españoles a perseguirla, entre el contingente que la acosaba se encontraba un fraile que al estar enterado de sus prácticas idolátricas y sus misteriosas escapadas le comenzó a gritar y rezar fervorosamente como si se tratara del demonio encarnado.  En la persecución se suscitó un hecho que desconcertó a los españoles y les lleno de pánico, pues al perseguirla el aire de ese frio febrero arrecio tanto que de un gran soplo y probablemente encallejonado por la boca del arroyo, arranco de raíz un mezquite que callo en la parte trasera del contingente español, matando a dos caballos y un soldado y dejando heridos a varios otros. Desconcertados y temerosos el grupo después de revisar a los heridos y al difunto siguió las órdenes del fraile que con rezos y gritos culpaba de este mal a esa bruja que los estaba esquivando.

Arroyo arriba casi en donde nacía, lograron acorralar a la mujer quien al verse sin salida comenzó a hablar un lenguaje que nadie entendía, pero para los oídos del fraile y sus cuadrilla eran alabanzas satánicas, nadie, ni siquiera los indios que acompañaban a los españoles entendieron lo que aquella mujer murmuro. Acorralada de tras de un mezquite que tenía las raíces al aire del despenadero del arroyo, la mujer realizaba una y otra vez una serie de movimientos y rezos que asustaban cada vez más a los hombres que la tenían rodeada. Luego de un pequeño tiempo la mujer, sabiendo su destino en manos de los hombres a caballo tomo la decisión de saltar al fondo del arroyo en un acto de inmolación. 

Los españoles al verla en el fondo del arroyo tomaron entre sus manos los crucifijos y comenzaron a escupirle y lanzarle piedras a aquel cuerpo que yacía ya muerto entre ramas y terrones blancos. Se dice que desde entonces el espíritu de la llamada  “bruja de tierra blanca” (esto puesto que los arroyos de esta zona están compuestos por tierras de color blanco) vaga buscando venganza a su muerte y la muerte de su pueblo. Por lo que se regocija aterrando y acechando a quienes por esos valles de mezquite se adentran en las noches del mes de febrero. Algunos otros ancianos dicen que incluso se le ha visto a esta mujer ensangrentada y cubierta de tierra blanca en otros lugares cercanos a esta zona y durante todo el año no solo en febrero.

Anónimo

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