La “retórica de la prevaricación”
Prevaricar significa «abusar del propio poder para obtener ventajas contra el interés de la víctima», frecuentemente quien prevarica y está consciente de ello pretende, en cierta manera, legitimar su propia acción.
“Captatio malevolentiae”
Eco considera tres formas principales de “retórica de la prevaricación”, es decir, de retórica del abuso de poder y de abuso del lenguaje. Una operación que comienza con lo que Eco califica como “captatio malevolentiae”, corrupción de la tradicional “captatio benevolentiae” retórica del auditorio. Eco hace ver que el prevaricador busca de entrada provocar la malevolencia por parte de su víctima, aunque luego busque el consentimiento de la misma víctima, ya que ésta, además de padecer el abuso, ha de aceptar la lógica necesidad de padecerlo.
Eco:
“No sé si valga la pena decirles lo que les voy a decir, pues estoy absolutamente consciente de que estoy hablando con un montón de idiotas cuyo cerebro no funciona y basta mirarles la cara para saber que no comprenderán nada”.
¿Les gusta este inicio? Se trata de un caso de captatio malevolentiae, es decir, del uso de una figura retórica que no existe y no puede existir, pues tiene como fin el enemistarse con el auditorio y predisponerlo contra el hablante.
Benevolencia
Observen cómo habría sido diferente si yo hubiera comenzado de esta manera:
«No sé si valga la pena decirles lo que les voy a decir, porque estoy absolutamente consciente de que estoy hablando con un montón de idiotas cuyo cerebro no funciona; sin embargo, hablo sólo por respeto hacia esos dos o tres de ustedes que están presentes en esta sala y que no pertenecen a la mayoría de los imbéciles».
Éste sería un caso —aunque excesivo y peligroso— de captatio benevolentiae, pues cada uno de ustedes se habría persuadido automáticamente de ser uno de esos dos o tres y, mirando a los demás con desprecio, me escucharía con afectuosa complicidad.
La “retórica de la prevaricación” de ordinario presenta tres rasgos que ponen de manifiesto esta pretensión del prevaricador por justificar su abuso:
1) La prevaricación sucede en la medida en que se abusa en contra el interés de una víctima;
2) el prevaricador pretende legitimar el propio abuso ante el público, si lo hay, o ante su propia conciencia; y
3) incluso –como sucede en los regímenes dictatoriales- quiere conseguir el mismo consenso de la víctima de la prevaricación.
Eco ejemplifica La “retórica de la prevaricación” con la Fábula del lobo y el cordero.
Esta fábula está dedicada a quienes inventan pretextos para oprimir a los inocentes.
Superior stabat
Fedro, Fábulas 1, 1 (20 aC – 50dC)
El lobo y el cordero, sedientos,
Llegaron al mismo arroyo. El lobo estaba aguas arriba
Más abajo el cordero.
El lobo, movido por su voracidad desenfrenada,
Buscó un pretexto para discutir.
“¿Por qué enturbias el agua que bebo?”
El cordero, atemorizado, dijo:
“Perdona, lobo, pero ¿cómo puedo hacerte eso,
si el agua que yo bebo me llega desde tu sitio?
Entonces, desmentido por la evidencia, atacó:
“Hace seis meses hablaste mal de mí”
Y el cordero contestó: “pero si entonces aún no había nacido”
Además, “Tu padre, por Hércules, habló mal de mí”.
Y diciendo esto lo agarró y, contra todo derecho, lo descuartizó.
El lobo, para devorar al cordero, busca un casus belli, busca convencer al cordero, y a los que están alrededor, e incluso a sí mismo, de que se come al cordero porque éste ha cometido un agravio.
Tres tipos de argumentos legitimadores
El prevaricador dice de ordinario, en primer lugar y al modo populista de Mussolini o Hitler, que 1) “debemos reaccionar” ante un complot organizado contra “nosotros” (el pueblo, la cultura, la democracia).
Si las cosas se complican, dice, al modo de Pericles (según nos cuenta Tucídides en La guerra del Peloponeso), que 2) «tenemos derecho» a prevaricar porque “somos los mejores”, tenemos la mejor forma de gobierno que existe.
Cuando no bastan las palabras, el argumento de fuerza es que 3) la prevaricación es necesaria e inevitable: “me conviene más someteros que dejaros vivos” (dijeron los atenienses a los isleños de Melo, en su guerra contra los espartanos) porque «así seremos temidos de todos».
El prevaricador busca legitimar su acción, ante los demás, ante sí mismo e incluso ante la víctima. Como de ordinario no lo logra, contrapone a la fuerza de la argumentación retórica, lo único que le queda: el no-argumento de la fuerza. Y con ella se acaba la retórica de la prevaricación. Queda la tiranía desnuda.
Pero las cosas no son tan simples; la retórica puede emplearse para la prevaricación. Si, como dice el diccionario, prevaricar significa «abusar del propio poder para obtener ventajas contra el interés de la víctima», frecuentemente quien prevarica y está consciente de ello pretende, en cierta manera, legitimar su propia acción. Por tanto, se puede prevaricar y usar argumentos retóricos para justificar el propio abuso de poder.
Retórica, Captatio y Abuso de Poder
¡A ti no te gusta ver puras tontadas como a la mayoría en internet, por eso estas aquí! Espera, permíteme explicarme, eso que acabo de decir intencionalmente es una artimaña retórica, aunque arriesgada de la llamada captatio benevolentiae, el objetivo es captar la atención y simpatía del público, pero hay más. Espera, ten paciencia que se pone bueno. Te lo cuento.
Las palabras tienen el poder de hacer muchas cosas, como alburear, derrochar amor, informar, pero también de convencer, inspirar… o hasta manipular, sí, se usa mucho para manipular.
La retórica es el arte de persuadir a través del lenguaje. Lo hacen los políticos, lo hacemos todos cuando debatimos con amigos, sobre todo al calor de una peda. La retórica está en todas partes, la usa hasta nuestra madre cuando nos pregunta si queremos dormir calientitos y puede jugar a nuestro favor o en nuestra contra.
Retórica: El arte de persuadir
Narrador:
Cuando queremos comenzar a hablar con alguien, o con un grupo, en retórica existe un técnica clave para captar la atención de nuestro público, la técnica más común es una llamada captatio benevolentiae, esta técnica busca ganarse la simpatía del público desde el principio.
Por ejemplo:
«Aunque no soy un gran orador, es un gran honor para mí estar aquí ante ustedes y espero estar a la altura de una audiencia como ustedes».
Esta estrategia proyecta humildad, empatía y honestidad. Esto es un puente para conectar con la audiencia.
Hasta aquí todo va bien, ¿no? Esto no tiene nada de malo. Pero el asunto se puede tornar muy oscuro.
Captatio Benevolentiae: Empieza desde la humildad
Pero ¿qué pasa cuando el lenguaje se convierte en un arma para manipularnos? Aquí entra en juego el opuesto, la llamada captatio malevolentiae, la malévola clásica “Nada más la puntita”.
Aquí en lugar de buscar simpatía, esta técnica anticipa el rechazo o admite algo negativo… pero la intención de que aceptemos algo o hagamos algo que no queremos o no nos conviene.
Captatio Malevolentiae: Honestidad… o manipulación
El lobo y el cordero
Narrador:
Umberto Eco, probablemente la última pistola filosófica de nuestro tiempo pone un ejemplo usando el cuento clásico de El lobo y el cordero, de Esopo.
Parafraseando: Un día, un lobo hambriento acusa a un cordero de ensuciar el agua que bebe, pues bebían del mismo cause de un rio, uno junto al otro. El cordero, con calma, responde:
«Eso es imposible, señor lobo. Estoy río abajo, en todo caso es usted el que enturbia la mía».
Pero el lobo replica:
¿Y por eso me insultas?
El cordero responde: “yo nunca lo he insultado.”
«Si no fuiste tú, entonces fue tu padre hace 6 meses». Responde el lobo.
El cordero replica: “pero hace 6 meses yo no había nacido aún”
“No importa” responde el lobo, “por la ofensa de tu padre pagarás con tu vida”
Al final, el lobo devora al cordero.
Moraleja
Esta fábula ejemplifica que cuando las personas malas, que son más fuertes o más poderosas, quieren hacer daño a alguien o a la sociedad, de nada sirve la razón ni la verdad.
Cuando la lógica es solo una máscara para el abuso
En esta fábula el lobo utiliza una falsa lógica para justificar su abuso de poder, pero su decisión ya estaba tomada. No buscaba la verdad, solo una excusa para su acción.
Narrador:
En el mundo real, la captatio malevolentiae funciona de manera similar. Escucha estas frases:
Ejemplo cotidiano:
Un día de niño mientras jugaba a hacer tierrita mi santa madre me preguntó ¿Quieres dormir calientito verdad? Ante ese fuerte argumento me vi obligado a dejar de jugar a la tierrita.
El ejemplo anterior me suena divertido, sin embargo, en otros ámbitos la cosa se pone fea.
Ejemplo político:
Sale un político a decir:
1 “Todos los organismos autónomos son corruptos, tenemos que desaparecerlos” (En lugar de combatir la corrupción en esos organismos eliminan los contrapesos al poder)
2 «Sé que esta decisión parecerá mala, pero la tomo porque es necesaria para mantener los programas sociales». (Argumento para subir impuestos)
¿Lo ves? Se reconoce algo negativo —el autoritarismo— para justificar una acción cuestionable.
El semiólogo Umberto Eco nos advirtió sobre los peligros del lenguaje manipulado. Según él, la retórica debería ser un puente hacia el diálogo y el consenso. Pero cuando se utiliza para prevaricar —es decir, para abusar del poder—, se convierte en una herramienta de opresión.
(Aquí les pregunto qué hubieran hecho ustedes de peña nieto)
Entonces, ¿cómo identificar estas trampas?
Primero, escucha con atención. Si alguien comienza admitiendo algo negativo, no bajes la guardia. Pregúntate:
- ¿Qué están tratando de justificar?
- ¿Quién realmente se beneficia de esto?
El cuento del lobo y el cordero nos enseña que no todos los razonamientos son legítimos. A veces, lo que parece sinceridad es solo una máscara.
Conclusión:
El lenguaje es poder. Entender cómo se usa nos ayuda a defendernos de quienes lo manipulan para su beneficio. No te dejes.

